A veces me pregunto qué hice para merecer esto.
Últimamente me horrorizo al verme reflejado frente al televisor mientras mastico, y apenas percibo sensación alguna conforme van sucediéndose esas imágenes a las que ya todos estamos acostumbrados.
Miedo, hambre, temor, muerte. Sin embargo, observo el reflejo de mi mirada, el reflejo de dos ojos clavados en los de un niño que grita mientras lo trasladan a un hospital, muriéndose; y en un instante, me sorprendo ojeando de nuevo mi plato de comida.
Entonces es cuando pienso qué hice para merecer esto. Cuando me doy cuenta de que han conseguido destruir cualquier atisbo de sensibilidad que quedase en mi, cuando ya no me queda otra opción que replantearme si verdaderamente tengo la culpa de no experimentar nada frente a esas imágenes.
Y, lo único que ansío en esos momentos, es advertir dos lágrimas resbalando por mis mejillas, pero es inútil, soy incapaz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario