Tanto nos cuesta la idea de que tenemos que morir, que siempre buscamos disculpas para los muertos, es como si anticipadamente estuviésemos pidiendo que nos disculpen cuando nos llega la vez.
En un pasado remoto, razones y metáforas semejantes eran traducidas por el impertérrito optimismo de la gente común en dicterios como éste, máximas supremas de quien tuvo tiempo para aprender con los golpes de la vida y de la fortuna, y que, trasladada a tierra de ciegos, deberían leerse como sigue, Ayer veíamos, hoy no vemos, mañana veremos, con una ligera entonación interrogativa en el tercio final de la frase, como si la prudencia, en el último instante, hubiera decidido, por si acaso, añadir la reticencia de una duda a la esperanzadora conclusión.
Muertos en vez de ciegos, el cuadro no iba a cambiar mucho, Estar ciego no es estar muerto ,Sí, pero estar muerto sí es estar ciego.
"Ensayo sobre la Ceguera", José Saramago

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