sábado, 24 de noviembre de 2012

Libros para enfermos.

El uso de la tercera persona convierte el caos de los recuerdos en un simulacro narrativo y disfraza de orden la existencia. Como si estuviéramos aquí para algo, cuando de todos es sabido que este desvivirse que es la vida no conduce a nada.
- No digo que sean tonterías, antes al contrario. ¿Lo ves cómo no me escuchas? Digo que son esas utopías las que mueven el mundo. Pero sí creo que entre las utopías y la realidad hay una distancia que acaba por imponerse. Crecer es perder y es traicionarse: pierdes a los seres queridos, pierdes la juventud, pierdes tu propia vida y a menudo acabas perdiendo también tus ideales, y ahí es donde empieza la traición a uno mismo. Sólo que hay gente que se traiciona de un modo clamoroso, hasta llegar a la ruindad y a la delincuencia.
Resignación, esa es la palabra de la gran derrota.
La vida es un trayecto extenso y fatigoso. Es como un tren de largo recorrido que en ocasiones ha de atravesar regiones en guerra y territorios salvajes. Quiero decir que el camino está plagado de peligros y que el descarrilamiento es un accidente bastante común. Pero hay muchas maneras de perder el rumbo. Por ejemplo, uno puede irse directamente al infierno. Otros, en cambio, no llegan a salirse de los raíles, sino que tan solo van aminorando la velocidad, más y más despacio cada día, hasta que al fin se paran por completo y se quedan ahí, medio muertos de pasividad y de fracaso, oxidando la hojalata y las ideas bajo las inclemencias del tiempo.

Rosa Montero, 'La Hija del Caníbal'.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Radicales pero humildes.

Estamos presenciando un acontecimiento importante en la Historia de nuestro país. Unos seréis meramente testigos, algunos seremos partícipes. Para bien o para mal. Hace mucho que las medidas de austeridad de los gobiernos centrales, sus recortes en sanidad y educación, así como los escándalos de unos políticos corruptos y ladrones sin vergüenza alguna han despertado la hostilidad de una parte importante del pueblo. De cada cinco españoles, uno vive bajo el umbral de la pobreza. Es un índice muy superior al que había durante la II República, que tanto fascistoide ilustrado suelto critica como insostenible.

Es ahora, avecinándose tempestades en forma de eterna crisis financiera y un futuro incierto cuando surgen "extremos radicales" en la política. Entiéndase por extremos radicales a quienes optan por un sistema distinto al que impera. Entiéndase por esto una democracia ponzoñosa y titiritera, enferma desde la transición gracias a una Ley electoral que aboga por el bipartidismo más atroz, facilitando el turnismo entre PSOE y PP con la mayoría absoluta respaldando su mentira. No es una parida, señores, háganme caso y busquen cómo funciona la Ley electoral por la que se rige nuestra querida democracia, y verán ustedes mismos que el concepto de "un ciudadano un voto" es una reminiscencia ya obsoleta que queda muy lejos en el tiempo.

¿Radicales?

Hay personas muertas de hambre pidiendo limosna en la puerta de un supermercado, donde cada semana se desechan kilos y kilos de alimentos. Pero eso no es radical, según parece, sino criticar el sistema capitalista que ha hecho de una imagen tan impactante algo absolutamente normal en nuestras vidas.
Existen miles de personas sin casas, otras que están siendo desahuciadas, y miles de viviendas vacías porque su propietario no encuentra a quién venderla por un precio desorbitado. Una adquisición así supone unos grilletes de por vida a la familia que decida hipotecarse. Eso no es radical, radicales son las personas desahuciadas que se tiran por el balcón mientras el empresario, de mal humor porque ya no le van a pagar esos meses de retraso, escribe con permanente en el cartel que colocará mañana en esa misma terraza: SE VENDE.

Pues miren, señores medios de comunicación, ya no sois la memoria y la voz del pueblo. Sois un instrumento de manipulación de masas al servicio del poder. Llámenme radical, "perroflauta" y demás monsergas, que yo volveré a salir a la calle a protestar con todo lo que esté en mi mano por lo que creo que es justo.

No existe ese rebelde sin causa que vendéis a la gente alienada en vuestras doctrinas desinformativas de mierda.

Y no saben cuánto me alegré, por una parte, presenciando el principio del cambio en la mentalidad de las personas que explotáis y menospreciáis en la madrugada que precedió a la Huelga General. Por otra derramé una lágrima en silencio, porque semejante acontecimiento no saldrá en las noticias, y sólo aquellos que tuvimos la suerte de presenciarlo podremos contarlo y guardar esa imagen en nuestra memoria.

Había cinco furgonetas de la policía anti-disturbios aparcadas frente a la puerta, un helicóptero sobrevolando la facultad de ADE y cuatro coches de policía nacional patrullando los alrededores. No se alarmen, no hubo ningún tipo de enfrentamiento con la policía, pero estaba el Sat con nosotros haciendo de piquete, y ya saben lo que dicen de éste sindicato de personas humildes y trabajadoras del campo los medios; que son muy malos, que les pegan a las cajeras del Mercadona. Un grupo de personas quería acceder a su puesto de trabajo en la facultad, y se encontró con un grupo de casi cincuenta protestantes en la puerta. La policía abrió un pasillo en la entrada, separando a los piquetes, para que pudieran pasar sin problemas. Esa tarea tuvieron que llevarla a cabo golpeando a un desafortunado como advertencia. No hacía falta porque la coordinadora del Sat ya estaba dando instrucciones, pero lo hicieron de todos modos. Tres limpiadoras de la facultad, que estaban manifestándose con el piquete, cogieron un megáfono y trataron de pedir a sus compañeros solidaridad, que no entraran, que su causa era también la suya. Entonces a un agente, defensor de la libertad y el orden, le pareció cómica la escena y empezó a reírse. La crispación, fruto de la impotencia, se hizo notar entre los piquetes y empezaron a gritar "Vergüenza me daría, que me dieran un sueldo, por ir a darle palos, a la gente del pueblo". Volvió a reírse. Esta vez no agachó la cabeza, quería que le viéramos, y todavía le estoy dando las gracias por ello. Mientras la gente gritaba y protestaba, la coordinadora del Sat se había reunido con el grupo de trabajadores que, viendo el piquete, decidieron no entrar y quedarse frente a la puerta. Nadie se percató de ello hasta que la mujer alzó el megáfono y exclamó: "¡Compañeros y compañeras, éstas personas han decidido no acudir hoy a sus puestos de trabajo y van a unirse con nosotros al piquete!" Oh, señor agente, ¡Si pudiera usted ver cómo le cambió el semblante en aquel momento! Disfruté más que un niño abriendo los regalos de Reyes en Navidad viéndole tragarse esa sonrisa de prepotencia suya que tanto le gustaba lucir. Más me pude reír yo, señor agente, cuando las personas que habían entrado decidieron salir y unirse al resto de compañeros, que ahora protestaban con nosotros y gritaban "Fuera policía, de la universidad". Los anti-disturbios se marcharon a sus furgonetas, arrancaron y desaparecieron al girar la esquina. Eso fue precioso. Acababa usted de meterse la porra por el culo, literalmente.

Sigan abriendo brechas a la gente en las manifestaciones, cuando se supone que les está prohibido golpear en la cabeza. Sigan saliendo a la calle sin el número de placa y amenazando a quien se lo pide. Señores agentes de la Ley y el orden, sigan golpeando y amedrentando a su pueblo, y que no les importe que sean sus impuestos los que pagan el pan de sus hijos. Sigan ganándose su sueldo. Pero les diré una cosa, y por favor, tómenlo como una advertencia, pues no es mi deseo que la situación se ponga tan dramática, aunque en estos momentos lo concibo como inevitable. Habrá más protestas, habrá más manifestaciones, y el gobierno les volverá a poner como carne de cañón frente a la masa popular. Si continuáis reprimiendo de esta manera la gente se volverá más radical; ustedes mismos son testigos de cómo el odio está sustituyendo al miedo que transmiten sus uniformes (cuando deberían transmitir otra cosa) porque el hambre, a porrazos, no se quita.